El Camino al saber


Nicolás Tesla, el guardián del rayo by eziojesus
marzo 23, 2009, 9:41 pm
Filed under: Uncategorized

 

Durante el año 1898, Tesla demostró en pleno Madison Square Garden un prototipo de barco no tripulado guiado a control remoto. Era tal el futurismo del modelo, que el sistema de comando inalámbrico incluía un método de guía por medio de la voz, el cual fue experimentado por una cantidad importante de espectadores que acudió a la presentación.  

Entonces se produjo un extraño incidente que marcó su éxodo desde Colorado Springs. Un experimento de transmisión de energía hizo volar a todos los generadores de la compañía de electricidad y sus dueños, enfurecidos con el inventor, se negaron a continuar dándole electricidad. 

Además, las quejas de los vecinos de la ciudad se habían multiplicado a raíz de denuncias por extraños sucesos, como la aparición de extrañas bolas luminosas sobre el laboratorio, lámparas eléctricas que explotaban espontáneamente y chispas que salían de las calles de la ciudad cada vez que sus habitantes corrían para cruzarlas. 

Muchos creyeron que se trataba de las consecuencias de los experimentos de Tesla para transmitir electricidad a través de la tierra, lo que habría provocado que el terreno de Colorado Springs se encontrase cargado de extremos niveles de magnetismo. 

Todo esto, sumado a los problemas financieros cada vez mayores, le hicieron recurrir en el año 1900 al multimillonario J. P. Morgan. Tesla le vendió un proyecto para crear un sistema de transmisión de datos a distancia y sin cables que abarcaría todo el planeta. Morgan, que vio la posibilidad de acceder a un virtual monopolio del sistema de comunicaciones, le dio 150.000 dólares para desarrollar sus inventos y un predio en Long Island donde instaló el laboratorio de Wardenclyffe. 

Una serie de accidentes le dio fama de mala suerte al nuevo laboratorio. Para peor, el entusiasmo de Morgan iba en disminución ante la falta de resultados concretos para exhibir. La gota que colmó el vaso fue la conversación que tuvo una noche Tesla con el millonario; el inventor, quizás con algunas copas de más, le confesó que el plan de transmisión de comunicaciones era en realidad un proyecto para transmitir electricidad sin costo a los hogares norteamericanos. 

Al día siguiente Morgan cortó todo apoyo a Tesla y éste se vio obligado a buscar nuevos inversores. Ésta fue la última oportunidad que tuvo para demostrar que era capaz de hacer realidad el proyecto de electricidad gratuita y sin límites. 

Los inversores se negaron a apoyar a Tesla debido a la mala prensa que venía teniendo desde hacia algunos años. Desde que comentó a un grupo de periodistas que en su laboratorio de Colorado Springs había logrado captar señales de radio provenientes de un lugar en el espacio que probablemente fuera el planeta Marte, los reporteros comenzaron a calificarlo como un científico excéntrico y loco demasiado predispuesto a la fantasía. 

En otra oportunidad dijo poseer un rayo capaz de crear ondas de frecuencia capaces de “partir a la tierra en dos como si se tratase de una manzana” 

Los dueños de las empresas que siempre lo habían escuchado, vieron en él un peligroso visionario capaz de entregar energía gratuita a todos los ciudadanos, poco a poco comenzaron a darle también la espalda. 

Otros, que tomaron partido a favor de Edison en su lucha contra el inventor serbio, se sumaron a la larga fila de personas dispuestas a opinar que se trataba de un personaje cercano a la locura y el desvarío. 

Pasó el tiempo y Tesla debió recurrir al gobierno para tratar de financiar sus ideas. Basándose en los experimentos de la “bobina de Tesla”, presentó un proyecto para construir un artefacto capaz de lanzar un rayo electromagnético a miles de millas de distancia “capaz de derribar aviones a 400 kilómetros de distancia”. Corrían entonces los primeros años de la primera guerra mundial y Tesla vio entonces la oportunidad de sumarse al esfuerzo de rearme de los Estados Unidos. También presentó una serie de planos para construir lanchas torpederas a control remoto, asegurando que de haber contado con ellas, durante la guerra contra España, Estados Unidos hubiera ganado la guerra en solo una tarde sin perder un solo hombre en la contienda.

Las propuestas de Tesla fueron ignoradas y entonces el inventor recibió un pedido de la Armada Alemana para desarrollar un nuevo sistema de propulsión eléctrico, que se supone fue la base para el desarrollo de los motores que utilizaron luego los alemanes en sus submarinos durante la segunda guerra mundial. 

Pero el ingreso de Estados Unidos en la guerra y le peligro de ser acusado de traición hizo que Tesla cortar su relación con los alemanes. 

Por medio de una carta, se dirigió al entonces presidente Wilson revelando poseer un rayo capaz de destruir grandes extensiones de tierra. Denominó a su invento “el rayo de la muerte”. De acuerdo con su carta, ya había logrado resultados concretos que demostraban el enorme poder destructivo de su arma y ponía como condición para su entrega que fuera utilizado solamente con fines defensivos. Reveló, además, que durante 1908, mientras su amigo Robert Peary intentaba llegar al Polo Norte, envió uno de sus rayos para que cayera al oeste de donde este se encontraba. De acuerdo con los registros que obran en la Fundación Tesla, envió un críptico telegrama a Peary en el que le anunciaba que recibiría una inequívoca señal de Tesla mientras se encontraba de camino al Polo. 

Peary volvió sin haber percibido nada anormal. Pero el mismo día que Peary conquistaba el Polo, una devastadora y todavía inexplicada explosión sacudió a la zona de Tunguska, en Siberia, Rusia. Cerca de 3.000 kilómetros cuadrados de bosque fueron barridos por una explosión que se calcula tuvo el poder equivalente a una bomba atómica de 50 megatones. Nunca se dio una explicación convincente al suceso, ya que jamás se encontraron restos de algún meteorito, cráter u otro factor capaz de explicar semejante devastación. La explosión subsiguiente fue oída a 620 millas de distancia del lugar. 

En su carta al presidente, Tesla sugería que su rayo había sido el culpable de esa explosión y, debido a errores en sus cálculos, el estallido se había producido en una zona alejada de sus planes. Escribió que el enterarse del peligro que encerraba su invento, decidió desarmar la maquina hasta que estuviesen dadas las condiciones para que sea debidamente comprendida, pero que, debido al estado desbocado de la guerra, se ofrecía a rearmar para recuperar el equilibrio mundial. 

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